La DT en el siglo XXI

 

Creo indispensable reconocer que hasta para el más delicado de los casos, la DT y todo lo que gira en torno a esta enfermedad ha cambiado mucho en las últimas décadas prácticamente desde todos los enfoques imaginables: el médico, el social y, en suma, todo lo que atañe a las posibilidades de los enfermos en cuanto a su desarrollo personal.

 

En el terreno médico, y bajo mi punto de vista, el principal avance surge en el plano diagnóstico, muy especialmente en aquellas DT heredadas vía genética (sobre las que hay abiertas líneas de investigación).

 

Personalmente viví un verdadero via crucis infanto-juvenil en los años 70 que preocupó sobremanera a mi entorno frente a diagnósticos erráticos (mal del escribiente) o temerarios (deficiencia cerebral de consecuencias inciertas), por no hablar de la infinidad de pruebas y tratamientos que hube de 'padecer'. Hoy en día la tipificación de la enfermedad es, como sabemos, mucho más precisa y existen tratamientos protocolizados (toxina botulínica, soluciones quirúrgicas, etc.) que en algunos casos pueden paliar la sintomatología que conlleva la DT. Más aún, se es verdaderamente consciente de lo importante de la faceta psíquica y emocional de la enfermedad.

 

La sociedad actual, en concreto la española, es mucho más sensible a enfermedades que comportan minusvalías, como la DT. Las ventajas y ayudas sociales están legisladas, la enfermedad consta como reconocida y tipificada, y, más aún, existen incluso asociaciones genéricas o específicas (como ALDE) que trabajan por el bien de este colectivo enfermo.  

 

Con todo, las principales ventajas de las que disponemos los enfermos de DT en el terreno práctico, provienen de los avances tecnológicos. El uso del ordenador es cada vez más universal y accesible, y supone, frente a ejercicios manuales más finos como la escritura, una herramienta absolutamente básica. Las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC), sobre la base de redes (intranets, internet, etc.), y las aplicaciones informáticas asociadas suelen facilitar sobremanera las posibilidades profesionales y personales de todo el mundo, pero especialmente las de quienes padecemos DT. Pero, más allá, cada vez es mayor la cantidad de dispositivos diseñados para hacer más llevadera la vida diaria y el desempeño de las personas con distintas formas de discapacidad.

     

Todo esto, y seguramente mucho más, deben hacernos creer en un futuro más asumible y, por qué no decirlo, un punto más feliz para los enfermos de DT y, desde luego, para aquellos niños que hayan de manifestarla.