El perfil de un enfermo de DT

 

Lejos de querer significarme como ejemplo de nada salvo, como ya se ha dicho, el de alguien con el afán de compartir experiencias que puedan ayudar o servir a otros, estimo importante plasmar un esbozo de mi perfil como invitación a más testimonios, con la intención de dejar constancia de la cantidad de cosas que se pueden y, desde luego, que se pueden intentar hacer, sin dejar de reconocer siempre la importancia de la colaboración y comprensión de un entorno al que vamos a necesitar de un modo quizás especial.

 

Con todo, quizás lo más importante sea la posibilidad de convencer a las personas que atraviesan los clásicos periodos de desánimo que comporta a menudo la DT de que otras personas en similar o quizás peor situación, si cabe, han intentado cosas en el terreno social, laboral, sentimental, académico, etc. y la vida no les ha negado en cualquier caso la oportunidad de enfrentarla con la máxima 'normalidad' posible.

 

Casado desde 1996 y con un hijo de casi 11 años no podría decir que mi vida sentimental haya sido distinta a la de cualquier otra persona de mi generación. Actualmente soy el verdadero motor de una familia en la que, a pesar de mis evidentes limitaciones, no soy, ni con mucho, la persona con más dificultades físicas o locomotoras. Es obvio que, como portador que soy de una mutación del gen DYT1, mi pequeño se constituye en una de mis principales preocupaciones, si bien no tiene por qué cundir ningún tipo de alarmismo.

 

En mi etapa de bachiller obtuve un expediente muy favorable, consiguiendo años después la licenciatura en Biología, en su especialidad Bioquímica, no sin tener que recurrir a solicitar condiciones especiales para buena parte de los exámenes (más tiempo, pruebas orales, etc.), para las prácticas de laboratorio, etc. Con todo, y pese a no lograr un expediente académico brillante, obtuve el título universitario.

 

Mi currículum incluye un Máster en Gestión de la Información y el Conocimiento, una titulación oficial en inglés, y multitud de cursos y seminarios adicionales. De algún modo, y sin dejar de reconocer el sobreesfuerzo que me supuso cada una de las acciones formativas, lo importante es concluir que la DT no puede comportar trabas o cortapisas a la hora de intentar formarse académicamente.

 

Laboralmente, trabajo cómodamente en una empresa multinacional en el que siento el mismo respeto que percibo en los otros compañeros. Es cierto que a menudo necesito un plus de comprensión para hacer las cosas 'a mi manera'. Sin embargo, eso no está reñido con la profesionalidad. Soy consciente de que hay desempeños en mi organización que difícilmente podría llevar a cabo. Sin embargo, a día de hoy necesito reivindicarme (¡eso debe de ser positivo!) hasta el punto, por qué no, de demostrar cierta ambición.

 

Constatar también que dispongo de carnet de conducir (B1) desde los 19 años, y que la DT generalizada que padezco no me ha impedido en ningún momento conducir con cierta suficiencia, si bien con todas las precauciones del mundo. Obviamente, éste es mi caso particular y quizá no sirva para otros con mayor incidencia somática. Con todo, reconozco que en algunas ocasiones me siento más seguro de mi control al volante que en otras. 

 

Finalmente, y en otro orden de cosas, comentar que mi círculo de verdaderos amigos es tan reducido como sincero, y a ellos me debo incondicionalmente. No obstante, tampoco puede decirse que no disfrute de cierto reconocimiento social. La clave quizás es mostrarse tal cual e intentar corresponder con auténtica gratitud a todos aquellos que te aprecian.

 

En esencia, y en confianza, considero que mi perfil no difiere 'aparentemente' del de cualquier otra persona 'normal', por mucho que mi mente se empeñe a menudo en querer demostrarme lo contrario. De hecho, si nos despojásemos de todos los problemas imaginarios y fantasmas que la mente añade a los ya preexistentes, los enfermos de DT seríamos probablemente  diez veces más felices.

           

Por desgracia, el poder de la mente es tan poderoso que puede hacer aflorar nuestra vulnerabilidad incluso en aquellos momentos en los que apostaríamos por nosotros mismos. Obviamente, esto no nos hace peores.

 

 

(Nota: Algunas personas que han conocido el perfil que aquí se presenta, han querido poner cara a mis palabras. Para ellos, y para satisfacer su curiosidad, me presento en la siguiente miniatura)