Convivir con el dolor

 

Cualquier enfermo de DT sabe cómo y cuánto ha de poner en juego determinados resortes físicos para sustituir la destreza normalmente a través de la fuerza. Muy pronto, ello puede comportar dolores musculares, articulares, etc. que invariablemente van a progresar con el paso del tiempo y con la propia evolución sintomatológica de la enfermedad.

 

Mi caso es relativamente benigno; al menos, eso quiero pensar. Alcanza a las cuatro extremidades y me incidió desde muy pronto, y con especial intensidad, en la destreza fina (nacido diestro, hube de convertirme en algo parecido a un zurdo) y en las dificultades para deambular. Actualmente persiste esta sintomatología, a la que cabe añadir, por ejemplo, espondilosis y espondilomielitis lumbar, escoliosis, un derrame sinovial en la zona metatarsiana de una mano, probablemente algo similar en el codo izquierdo, y tendinitis y/o mialgias espontáneas que varían de localización.

 

En definitiva, convivo con el dolor desde hace muchos años, con distinta intensidad según el punto físico, el momento, el día o la época, pero ya me he acostumbrado a ello. De hecho, rara vez tomo analgésicos o antiinflamatorios, salvo cuando la situación supera sobradamente un umbral de dolor difícil de sobrellevar.

 

¿Cuándo me encuentro mejor? ¿Puedo hacer algo? ¿Qué exactamente? Ésta es mi experiencia:

 

Creo que la importancia de valorar adecuadamente las limitaciones de cada persona no es exclusiva de las personas enfermas. Sin embargo, y aunque la sintomatología de la propia distonía va a marcar de algún modo unos límites que no debieran propasarse, la práctica moderada del deporte siempre me ha proporcionado un beneficio y bienestar muy superior al esfuerzo realizado, también en el terreno psicológico. De hecho, he sufrido especialmente la enfermedad en las etapas de mi vida más sedentarias.

 

 

Así, en aquellas épocas que me he sentido con energía, y siempre con las debidas protecciones y precauciones, he practicado (y practico) el frontenis, el ciclismo, el fútbol, alguna tabla específica de gimnasia, y otras disciplinas, por encima en ocasiones de las expectativas que muchas personas sanas quisieran alcanzar. De hecho, a base de hacer ejercicio y deporte he conseguido disminuir los episodios de tendinitis y dolores musculares, si bien es cierto que suelo pagar por encima de lo normal determinados excesos que (quizá alocadamente, aunque no me importe demasiado) me planteo como retos personales.

 

Por cierto, levantar peso de forma moderada pero disciplinada (dos mancuernas de 2 kgs. de peso en series de 20-25 veces, con descansos, tres o cuatro veces máximo por sesión diaria) contribuye a paliar el dolor en sendos brazos, una de mis debilidades más acusadas en los últimos tiempos.

 

En consecuencia, el hecho de ejercitar el cuerpo se ha convertido en uno de mis mejores aliados en lo físico y lo psicológico.